Los hombres de las guerras se pronuncian todos los días con sus batallas modernas dirigidas con IA desde lejanos “displays”. De sobra conocemos en qué andan hoy los líderes de las grandes naciones. El liderazgo espiritual trata de llenar acusados vacíos, asume en alguna medida la falta de un liderazgo planetario global. El Dalai Lama encarna también los encomiables anhelos de una porción considerable de humanidad sensible y altruista. Esta comunión de creyentes de oriente y occidente orbita en su testimonio de inmensa compasión. La espiritualidad puede fecundar a la política con los valores que ésta va perdiendo en la constante refriega partidaria. Estamos por lo tanto deseando que el hombre de blanco en camino de santidad, se sitúe ante el atril. Anhelamos la hora en que pontífice romano saque sus cuartillas, salude cortésmente y desgrane ante sus señorías y la ciudadanía las palabras alentadoras que tanto necesitamos. Otros líderes espirituales en el mismo atril también hubieran sido buena nueva. No renunciamos a nuestro origen católico, pero buscamos igualmente ser fecundados por otras espiritualidades. Reivindiquemos la esencia compartida de esas tradiciones, no el superficial etiquetaje. La espiritualidad auténtica, cualquiera que sea su signo, representa refugio de valores. Por ello no resuenan en nuestro interior las palabras del presidente de la CEE, Luis Argüello, al presentar las claves del viaje del Papa a España. No terminamos de entender que aprovechara la importante ocasión para el menosprecio de otras espiritualidades. “Las búsquedas de espiritualidad son peligrosas, porque ante una situación de fragilidad, aparecen gurús espirituales…”. Es cierto que en nuestros días se prodiga en exceso el “gurú falso”, pero la generalización solo denota debilidad. Hollar sendas en algunos aspectos doctrinales también agotadas puede igualmente acusar “fragilidad”. La búsqueda sincera nunca cobrará peligro, sino más al contrario pluralidad y enriquecimiento mutuo. El monopolio ha de ir quedando atrás, no se aviene en absoluto con nuestros días. Nadie se arrogue todas las certezas al encarar lo más sagrado, al volcar la mirada hacia lo más elevado. El gran arraigo de Jesús en nuestra tradición justifica sobradamente la presencia del Papa en el Congreso, pero para ello no es preciso minusvalorar otras muy respetables espiritualidades. Es importante ponernos todos en la misma línea de salida hacia la búsqueda, hacia la siembra de valores en medio de una sociedad en gran medida ganada por el nihilismo y el materialismo. Es importante honrar todos los caminos hollados con nobleza y entereza. La política necesita del ejemplo cristiano, pero también de otras fes y por lo tanto del fermento de otras esperanzas. |
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